Lecturas para comenzar otra vez

Llega el momento de volver a donde de repente lo dejamos. Las cosas es posible que sigan en su mismo sitio pero, seguro, que nosotros no seremos los mismos de entonces. Se ha parado la economía, pero no la vida. Hemos seguido viviendo, creciendo y avanzando de diferente modo. Ahora hay que intentar casar esas dos realidades. La que nos encontramos y en lo que nos hemos convertido.


Hoy vamos a hablar de libros que en determinadas circunstancias han servido para volver a empezar. Libros que se sitúan entre procesos personales. Que encierran todas las enseñanzas de un tiempo y las proyectan hacia el día de mañana. Libros a los que mirar en momentos revueltos. Forjados en tiempos difíciles y, por tanto, especiales. 

Unos de esos libros, al que siempre es interesante volver es El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl. Es un libro que siempre aparece en cualquier selección de libros relacionados con crisis o dramas profundos. Escrito en 1946 a modo de libro de memorias por el autor tras su paso por los campos de concentración nazis, nos habla de nuestra condición humana, con las luces y sombras que eso conlleva. Luces y sombras intensas, como no puede ser menos en circunstancias tales. Frente a la sinrazón y la crueldad infinita prevalece la capacidad de resiliencia humana, capaz de sobrellevar las condiciones más aberrantes y salir con la capacidad mental de plasmar en una obra de esta altura las consecuencias de esta experiencia tan traumática. Siempre es bueno releerlo, pero en estos tiempos de encerramiento me ha parecido una lectura apropiada sobre todo para resaltar nuestra capacidad para sacar adelante situaciones complicadas y extraer las mejores conclusiones.

En esa misma línea, y relacionado con el confinamiento, es difícil no acordarse del Diario de Ana Frank. Ella encontró en las cartas a su amiga imaginaria Kitty la forma de evadirse durante dos años del miedo y la incertidumbre en su aislamiento en un pequeño desván de Ámsterdam junto a otras siete personas. Si algo nos cuenta esa recopilación de cartas es nuestra capacidad de resistencia, y de cómo nuestra vida continúa avanzando independientemente de lo que ocurra en el exterior. Afortunadamente, tras la muerte de la joven Ana en el campos de concentración de Bergen-Belsen, su diario pudo ser recuperado por el padre a la finalización de la guerra y lo publicó a modo de alegato y reconocimiento a lo vivido. El nazismo cayó mientras que su Diario permanece vivo y actual.
Ahora voy a hacer un salto al presente para hablar de tres libros que también se me han relacionado un poco durante este confinamiento. Uno de ellos es la novela Los asquerosos, de Santiago Lorenzo. En este libro, su personaje central es quien narra la historia del verdadero artífice del relato: su sobrino. La vida le pone en situación de huida y acaba refugiado, confinado, en una casa de un pueblo abandonado, Sus reflexiones, sus observaciones, nos resultan ahora muy familiares y los dos personajes van evolucionando hacia lo que será su vida futura. Es un tiempo de aprendizaje en donde la introspección nos hace conocer más al vecino y a nuestros semejantes. En las situaciones difíciles es donde de verdad conocemos las personas y esta crisis y la que pasan los personajes sirven entre otras cosas para eso. La novela es por momentos irónica, crítica con nuestro modo de vida y se encuadra en esa corriente tan actual de usar la propia experiencia para entremezclarla con la ficción e hilar unos relatos a medio camino de ambas orillas. Un libro que toma un aire nuevo en estos tiempos.

Ahora un salto estilístico y vamos a un libro autobiográfico. Se titula Salvaje, de la autora Cheryl Strayed. Su protagonista y autora, tras una crisis vital provocada por la muerte de su madre que terminó en la separación de su pareja y la pérdida de sus relaciones familiares, decide ponerse en camino, en el sentido más literal del término, y recorrer los más de cuatro mil kilómetros del Sendero del Macizo del Pacífico, desde el desierto de Mojave en California hasta el estado de Washington en el norte. Sin previa experiencia, se adentra en un mundo que la va a llevar a través de múltiples situaciones donde tendrá que enfrentar sus miedos y su falta de experiencia en un medio hostil. Un libro recomendable y lleno de fuerza vital que nos muestra una vez más la lejanía de nuestros propios límites que tantas veces pensamos próximos y nos acerca de paso a la añorada Naturaleza.



Por último, otro libro autobiográfico. Es un libro curioso y que se maneja con soltura y sin titubeos con algo tan dramático como la propia muerte. Sigo aquí, de la escritora Maggie O´Farrell es el recuento de situaciones en las que la autora ha tenido un roce con la muerte. De esas situaciones, que se leen con absoluto estupor, saca sus conclusiones en un ejercicio extremo de autoconocimiento y aprendizaje. No es un libro que sea contemplativo hacia la experiencia de la muerte, aunque merodea siempre en sus límites. Todo en él es un canto a la Vida y a la búsqueda de su sentido último.



En definitiva, unos cuantos ejemplos de historias que, cuando terminan, nada volverá a ser como al principio. Quizá como nos pasa a nosotros con su lectura. Casi seguro, como nos va a pasar después de estos meses de vida diferente.

Como los lectores de la biblioteca de la Holland House bombardeada en 1940 de la fotografía de cabecera, volveremos ávidos a buscar historias y vidas ajenas que nos hagan entender el mundo y entendernos a nosotros mismos para seguir viviendo.

Colaboración de Eduardo Menéndez Madina (Biblioteca del Campus de Madrid)

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